Nosotros,
fenotipos hereditarios de un sistema enfermo y mal adaptante,
subproductos adscritos irremediablemente a minorías hebefrénicas
mediante los infaustos eslabones de la eterna cadena hipofilial,
hijos del miedo y del deseo, del pensamiento y del suceso, estigmas
vivientes de una moral arcana, dismorfa y caduca constrictora de todo
lo bueno, sintonizadores pasivo-agresivos de mentiras, egocentristas
de la virtud, relativistas del suicidio en masa, seguimos siendo, a
pesar de todo, fieles con lo experimentado, aunque ello haya
inevitablemente de concluir con el dolor y el cansancio acumulado
tras toda una vida impreso al morir en el rostro.
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